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domingo, 26 de febrero de 2012

Siempre con El.


¿Estás constantemente enfrentándote a elecciones?

La pregunta es si eliges a Dios o a tu ser perpetuamente titubeante, inseguro. 
Sabes cuál es la elección buena, pero tus emociones, pasiones y sentimientos te siguen manteniendo en la elección de rechazarte a ti mismo.
La elección radical es confiar siempre en que Dios está contigo y te dará lo que más necesitas.
Tus emociones, las que te descentran podrán decirte: “Esto no va a funcionar. Sigo sufriendo la misma angustia que tenía hace seis meses.
Probablemente recaeré en los mismos modos depresivos antiguos de actuar y reaccionar. En realidad no he cambiado”.
Sabes perfectamente que esa no es la voz de Dios.
Él te dice: “Te amo, estoy contigo, quiero verte más cerca de mí para que experimentes el gozo y la paz de mi presencia. Quiero darte un nuevo corazón y un nuevo espíritu. Quiero que hables con mi boca, que veas con mis ojos, que oigas con mis oídos, que toques con mis manos. Todo lo mío es tuyo.
Confía sencillamente en mí y deja que yo sea tu Dios”.
Esta es la voz que hay que escuchar. Y este escuchar exige una elección real, no sólo de vez en cuando, sino en todo momento del día y de la noche.
Eres tú quién decide qué pensar, decir y hacer.
Puedes pensar en la depresión, hablar de ti mismo infravalorándote, actuar con sentido de auto-rechazo.
Pero siempre tienes una elección en que pensar, hablar y actuar en nombre de Dios, y así caminar hacia la luz, la verdad y la vida.
Cuando concluyas este periodo de renovación espiritual, te enfrentarás de nuevo a una elección.
Puedes escoger recordar este tiempo como un intento fallido de un completo renacer, pero también puedes escoger recordarlo como un tiempo precioso en el que Dios empiece cosas nuevas en ti, cosas que debes llevar a su total cumplimiento.
Tu futuro depende de como decidas recordar tu pasado.
Escoge en favor de la verdad que conoces.
No dejes que te distraigan tus emociones, que siguen ancladas en su actitud de ansiedad.
Cuando elijas a Dios, tus emociones perderán gradualmente su sentido de rebeldía y se convertirán en ti a la verdad.
Te enfrentas a una verdadera batalla espiritual.
Pero no temas.
No estás solo.
Eres amado, protegido.
Estás en comunión con Dios y con los que Dios te ha enviado.
Lo que es de Dios durará.
Pertenece a la vida eterna.
Escógela y será tuya.

“Escoge siempre a Dios”. Autor: Henri Nouwen

jueves, 27 de octubre de 2011

Aroma a café.



Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles.
No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida.
Estaba cansada de luchar.
Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.
Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego.
Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo.
En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café.
Las dejó hervir sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón.
Sacó los huevos y los colocó en otro plato.
Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.
Mirando a su hija le dijo: "Querida " ¿qué vez?"
"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas.
Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera.
Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro.
Luego le pidió que probara el café.
Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: ¿Que significa esto, padre?
Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: el agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente:
* La zanahoria llegó al agua fuerte, dura, soberbia; pero después de pasar por el agua hirviendo se había puesto débil, fácil de deshacer.
* El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
* Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.
* ¿Cual eres tu hija? - Le dijo. - Cuando la adversidad llama a tu puerta; ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte, pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
* ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable y un espíritu fluido, pero que después de una muerte, una separación, un despido, una piedra en el camino se vuelve duro y rígido?
Por fuera te ves igual, pero eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido.
* ¿O eres como un grano de café?
El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor.
Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.
Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer y haces que las cosas a tu alrededor mejoren ante la adversidad para que exista siempre una luz que ilumine tu camino y el de la gente que te rodea.

Autor: Pbro. Arturo Vargas.
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