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martes, 29 de mayo de 2012

VERDAD Y mentira.


Una vez Verdad y Mentira se encontraron en el camino.
    -Buenas tardes –dijo Verdad.
    -Buenas tardes –respondió Mentira-. ¿Cómo te va últimamente?
    -Me temo que no muy bien –suspiró Verdad-. Son tiempos difíciles para alguien como yo.
    -Sí, ya veo –dijo Mentira, echando una ojeada a las ropas harapientas de Verdad-. Parece que hace tiempo que no pruebas bocado.
    -A decir verdad, así es –admitió Verdad-. Nadie quiere emplearme hoy en día. Dondequiera que voy, la mayoría de la gente me ignora o se burla de mí. Es desalentador, te lo aseguro. Empiezo a preguntarme por qué lo soporto.
    -Exactamente, ¿por qué? 

Ven conmigo, y yo te mostraré cómo llevarte bien. No hay motivos para que no puedas comer opíparamente, como yo, y vestir la mejor ropa, como yo. Pero debes prometer que no dirás una palabra contra mí mientras estemos juntos.
     
Verdad hizo esa promesa y convino en llevarse bien con Mentira por un tiempo, no tanto porque le gustara su compañía sino porque tenía tanta hambre que desfallecería si no comía nada. Anduvieron por el camino hasta llegar a una ciudad, y Mentira lo condujo hasta la mejor mesa del mejor restaurante.
    
-Camarero, queremos las mejores carnes, las golosinas más dulces, el mejor vino –pidió, y comieron y bebieron toda la tarde. Al fin, cuando ya no pudo comer más, Mentira se puso a golpear la mesa llamando al gerente, que acudió a la carrera.

-¿Qué clase de lugar es éste? –Protestó Mentira-. Hace una hora que le di a ese camarero una pieza de oro, y todavía no nos ha traído el cambio.

El gerente llamó al camarero, quien dijo que ese caballero no le había dado un solo céntimo.

-¿Qué? –Gritó Mentira, llamando la atención de todos los presentes-. ¡Este lugar es increíble! ¡Vienen a comer ciudadanos inocentes y respetuosos de la ley, y ustedes los despojan del dinero que han ganado con tanto esfuerzo! ¡Son un hato de ladrones y mentirosos! ¡Me habrán engañado una vez, pero nunca más me verán de nuevo! ¡Tenga!        

–Le arrojó una pieza de oro al gerente-. ¡Pero esta vez tráigame el cambio!

Pero el gerente, temiendo por la reputación de su establecimiento, se negó a aceptar la pieza de oro, y en cambio le llevó a Mentira el cambio de la primera moneda que él afirmaba haber dado. Luego llevó al camarero aparte, y lo acusó de pillastre, y amenazó con despedirlo. Y por mucho que el camarero insistía en que ese hombre no le había dado un céntimo, el gerente se negaba a creerle.

-Ay, Verdad, ¿dónde te has escondido? –Suspiró el camarero-. ¿Has abandonado a los trabajadores?

-No, estoy aquí –gruñó Verdad para sus adentros-, pero el hambre me nubló el juicio, y ahora no puedo hablar sin romper la promesa que hice a Mentira.

En cuanto estuvieron en la calle, Mentira soltó una risotada y palmeó a Verdad en la espalda.

-¿Ves cómo funciona el mundo? Me las apañé muy bien, ¿no crees?
Pero Verdad se alejó de su compañero.

-Prefiero morirme de hambre a vivir como tú –dijo.

Y así Verdad y Mentira siguieron cada cual su camino, y nunca más viajaron juntos.
   
Cuento tradicional griego.


Traigo a colación este cuento porque ayer se dio por verdadera esta falsa noticia, que después se supo que lo que dijo un periodista, no era realmente la verdad. Esto es lo que en realidad paso.


LA VERDAD Y LA MENTIRA NO SON COMPATIBLES.

martes, 10 de abril de 2012

Con todo mi amor.



Mi madre tenía solo un ojo. La odiaba...
Era una vergüenza. Cocinaba a maestros y alumnos para mantener a la familia.
Un día, mientras estaba en la escuela, mi madre vino para saludarme.
Estaba tan avergonzado. ¿Como pudo haberme hecho esto a mi?
La ignore, la miré mal y corrí lejos.
Al otro día, en el colegio, mis compañeros decían "¡Tu madre tiene un solo ojo!".
Quería suicidarme. Y también quería que mi madre desapareciera.
Así que ese día la confronte y le dije, "¿Si solo vas a hacer de mi un hazme reír, porque no te mueres?"
Mi madre no respondió.
No me detuve a pensar lo que había dicho, estaba lleno de ira.
Era ajeno a sus sentimientos.
Quería salir de esa casa, y no tener nada que ver con ella.
Así que estudie muy duro, me dieron la chance de ir a estudiar a Singapur.
Luego me case, compre una casa y tuve hijos.
Estaba feliz con mi vida, mis hijos y las comodidades.
Luego un día, mi madre me vino a visitar. Ella no me había visto en años y no conocía a sus nietos.
Cuando se paró en la puerta, mis hijos se rieron de ella. Le grite por venir sin haberla invitado.
Le dije, "¿Cómo te atreves a venir a mi casa y asustar a mis hijos?"
"¡Vete de aquí ahora!"
Y ella respondió tranquilamente, "Lo siento mucho. Me habré confundido de dirección" y se fue.
Un día recibí, una carta de la escuela, para una reunión allí, llegó a mi casa en Singapur.
Así que le mentí a mi esposa y le dije que tenía un viaje de negocios. Luego de esa reunión, fui a mi viejo barrio por curiosidad.
Mis vecinos me dijeron que mi madre había muerto.
No lloré.
Me dieron una carta que ella quería que tuviese:

"Mi querido hijo, pienso en ti todo el tiempo. Siento haber ido a Singapur y haber asustado a tus hijos. Estaba tan feliz cuando escuche que vendrías a la reunión de la escuela.
Pero tal vez no sea capaz de levantarme de la cama para ir a verte.
Siento haber sido una vergüenza para ti.
Veras... cuando eras muy pequeño, tuviste un accidente, y perdiste tu ojo.
Así que te di uno mío.
Estaba tan orgullosa y contenta de que mi hijo podría  ver el mundo con mi ojo.
Con todo mi amor.
Tu madre"

martes, 7 de febrero de 2012

Los invitados.



Una mujer regaba el jardín de su casa y vio a tres viejos con sus años de experiencia frente a su jardín. Ella no los conocía, y les dijo:
- Ustedes deben tener hambre. Por favor, entren en mi casa y coman algo.
–¿Está el hombre en casa?
–No –respondió ella –no está.
–Entonces no podemos entrar –dijeron ellos.
Al atardecer, llegó el marido y, con su consentimiento, ella salió a invitar a
los hombres a pasar a su casa.
–No podemos entrar en una casa los tres juntos –explicaron los viejecitos.
–¿Por qué no? –quiso saber ella.
Uno de ellos apuntando hacia sus amigos, explicó:
–Ese se llama Riqueza. Y ese otro se llama Éxito. Mi nombre es Amor. Ahora
entre y decida con su marido a cuál de los tres desean invitar.
Al oír el relato de su mujer, el hombre se sintió feliz:
–¡Qué bueno! Invitemos a Riqueza, que entre y llene nuestra casa.
Su esposa no estuvo de acuerdo: “Querido, ¿por qué no invitamos a Éxito?”
La hija del matrimonio estaba escuchando y vino corriendo:
–¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar estaría entonces lleno de
amor.
–Hagamos caso del consejo de nuestra hija –dijo el esposo a su mujer–. Vete
e invita a Amor a que sea nuestro huésped.
La esposa salió y les dijo: “Por favor, que venga Amor y que sea nuestro invitado”.
Amor comenzó a avanzar en su silla de ruedas. Los otros dos también le
siguieron.
Sorprendida, la dama preguntó a Riqueza y a Éxito:
–Yo invité sólo a Amor, ¿por qué ustedes también vienen?
Los viejos respondieron juntos:
–Si hubiera invitado a Riqueza o a Éxito, los otros dos habrían permanecido
afuera, pero ya que invitó a Amor, donde vaya él vamos también nosotros.
¡Donde hay amor, hay también riqueza y éxito!

domingo, 29 de enero de 2012

La pintura del Hijo.


Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte. 

Tenían de todo en su colección; desde Rafael hasta Picasso. Muy a menudo, se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte, desgraciadamente, el hijo fue a la guerra.

Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado.

El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo. Un mes más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a la puerta.
Un joven con un gran paquete en sus manos dijo al padre: Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida.
Él salvó muchas vidas ese día, me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho, muriendo así instantáneamente.

Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte. El muchacho extendió los brazos para entregar el paquete: Yo sé que esto no es mucho.
Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto.”

El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo, pintado por el joven soldado. Él contempló con profunda admiración la manera en que el soldado había capturado la personalidad de su hijo en la pintura.

El padre estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su hijo que los suyos propios se arrasaron de lágrimas. Le agradeció al joven soldado y ofreció pagarle por el cuadro.

“Oh no, Señor, yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Es un regalo.”

El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea. Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa galería.

El hombre murió unos meses más tarde y se anunció una subasta con todas pinturas que poseía. Mucha gente importante e influyente acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro de la colección. Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo.

El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta. “Empezaremos los remates con este retrato del hijo, ¿quien ofrece por este retrato?”

Hubo un gran silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación grito: “Queremos ver las pinturas famosas, Olvídese de esa”.

Sin embargo el subastador persistió: “Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿$100.00? $200.00?”
Otra voz gritó con enojo: “No venimos por esa pintura, Venimos por los Van Goghs, los Rembrandts. Vamos a las ofertas de verdad”.

Pero aun así el subastador continuaba su labor: “El Hijo, El Hijo, ¿Quien se lleva El hijo?”

Finalmente una voz se oyó desde atrás, el viejo jardinero del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, era lo único que podía ofrecer.

“Tenemos $10 Quien da $20?”, grito el subastador.”

La multitud se estaba enojando mucho. No querían la pintura de “El Hijo”. Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones.

El subastador golpeó por fin el mazo: “Va una, van dos, VENDIDA por $10″

Empecemos con la colección, gritó uno”.

El subastador soltó su mazo y dijo: “Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final”.
“Pero, y las pinturas?”, dijeron los interesados,

Lo siento, “Contesto el subastador; Cuando me llamaron para conducir esta Subasta, se me dijo de un secreto estipulado en el testamento del dueño.

Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura de “EL HIJO” seria subastada.

Aquel que la aceptara heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas. El hombre que aceptó quedarse con “EL HIJO” se queda con TODO”.

Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David. 
Lucas 1, 32.

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