domingo, 15 de enero de 2012

Eucaristía y testimonio.



La misión primera y fundamental que recibimos de los santos Misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida.
El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo infunde en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor.
Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece Otro y se comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio como la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invitándolo a acoger libremente esta novedad radical. En el testimonio Dios, por así decir, se expone al riesgo de la libertad del hombre.
Jesús mismo es el testigo fiel y veraz (cf. Ap 1,5; 3,14); vino para dar testimonio de la verdad (cf. Jn 18,37).
Con estas reflexiones deseo recordar un concepto muy querido por los primeros cristianos, pero que también nos afecta a nosotros, cristianos de hoy: el testimonio hasta el don de sí mismos, hasta el martirio, ha sido considerado siempre en la historia de la Iglesia como la cumbre del nuevo culto espiritual: « Ofreced vuestros cuerpos » (Rm 12,1). Se puede recordar, por ejemplo, el relato del martirio de san Policarpo de Esmirna, discípulo de san Juan: todo el acontecimiento dramático es descrito como una liturgia, más aún como si el mártir mismo se convirtiera en Eucaristía.
Pensemos también en la conciencia eucarística que san Ignacio de Antioquía expresa ante su martirio: él se considera « trigo de Dios » y desea llegar a ser en el martirio « pan puro de Cristo ». El cristiano que ofrece su vida en el martirio entra en plena comunión con la Pascua de Jesucristo y así se convierte con Él en Eucaristía.
Tampoco faltan hoy en la Iglesia mártires en los que se manifiesta de modo supremo el amor de Dios.
Sin embargo, aun cuando no se requiera la prueba del martirio, sabemos que el culto agradable a Dios implica también interiormente esta disponibilidad, y se manifiesta en el testimonio alegre y convencido ante el mundo de una vida cristiana coherente allí donde el Señor nos llama a anunciarlo.


viernes, 6 de enero de 2012

Amado Padre.


¡Amado Padre mío…, qué algarabía,
cuando siento en mi pecho tu epifanía!,
y sé, sin duda alguna, -en esa instancia-,
¡que tu me has modelado de tu Sustancia!

Tú estás, en cada hermano, siempre presente,
-ya sea en conciencia plena…o en su inconsciente-:
(¿a quién no le ha brotado -sea necio… o sabio-,
algún día un “¡Dios mío!”…, desde sus labios…?)

Y no sólo te citan las religiones
en sus salmos, sus ritos, sus oraciones…:
también hoy hablan, Padre, de tu Presencia,
incluso los llamados “hombres de ciencia”.

¡Y es que ven tras las cosas, un Plan Genial…,
una Intención…muy lejos de ser “casual”…:
un Orden que subyace tras lo aparente…,
¡y te llaman “Diseño Inteligente”…!

(Si es por ponerte un nombre nuevo y flamante,
yo hubiese preferido “Diseño Amante”…,
porque percibo, Padre, que en tu fulgor,
¡tú modelas los mundos desde el Amor!).

Y yo te digo “Padre”, como en un rezo…,
pero en verdad tú no eres tan sólo eso:
eres también mi Madre…, y eres mi hermano…,
y el amigo que siempre tiende su mano…

Y lo eres desde el día que comprendí,
que tú siempre has estado dentro de mí…
¿Y sabes, Padre mío…?: ¡te quiero tanto,
que sin quererlo mezclo risa con llanto!

¡Y es que te siento en todo lo que contemplo,
como si el mundo entero fuese tu templo!,
como si respirases en cada cosa…,
en cada golondrina…y en cada rosa…

Y te siento en el ruido de las ciudades…,
y en mi silencio lleno de soledades…,
y en los atardeceres de inmensa paz,
cuando el sol nos despoja de otro día más….

Y a veces me parece que oigo tu risa,
incluso en el murmullo que trae la brisa…,
y es tal el sentimiento, tal la emoción,
¡que se va por el aire mi corazón…!


domingo, 1 de enero de 2012

AÑO NUEVO



SEÑOR: para este día
de año nuevo te pido
antes que la alegría,
antes que el gozo claro y encendido,
antes que la azucena
y que las rosas,
una curiosidad ancha y serena,
un asombro pueril frente a las cosas...

Quiero que ante el afán de mi mirada,
enamorada y pura,
todo tenga un misterio de alborada
que me deslumbre a fuerza de blancura.

Quiero ser el espejo con que el río
convierte en gozo nuevo la ribera:
quiero asombrarme del estío
y enamorarme de la primavera.

Señor y Padre mío:
dame el frescor de esta pradera llana,
riégame del rocío
de tu mejor mañana.

Hazme nuevo, Señor,
y ante el cielo, y los campos y la flor,
haz que mi asombro desvelado diga:
Señor... ésta es la rosa, ésta es la espiga...
¡y esto que llevo dentro es el amor!

José María Pemán  
  (1898-1981)   

¡Que el Señor les colme de gracias y bendiciones,lo deseo de todo corazón!
¡Feliz y santo año nuevo 2012!  
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