A los cristianos se nos ha hablado y enseñado mucho sobre la necesidad del perdón y es verdad y es bueno perdonar.
Pero el perdón más efectivo es el que nos damos a nosotros mismos reconociendo nuestros errores y fragilidades.
No es el estar orgulloso de lo malo que hemos hecho o de los muchos fallos cometidos…es reconocer que, a pesar de nuestra buena voluntad, en numerosas ocasiones nos equivocamos y tenemos derecho a perdonar nuestra frágil humanidad.
Muchos perdones que damos a los demás casi a diario, no tienen la suficiente fuerza porque no vienen de un corazón que ha experimentado el gozo de ser perdonado y reconciliado interiormente.
Sólo quien ha saboreado el gusto del auto-perdón es capaz de perdonar.
De nada vale que te tortures por tu pasado.
De nada sirve que una y otra vez acudan a tu mente los pedazos rotos del recuerdo.
El auto-perdón es capaz de desinfectar nuestras tormentas internas y destrozar las más pesadas cargas de dolor.
Propósitos:
- Voy a intentar hacer un inventario de las cosas que no me he perdonado en mi vida.
- Voy a intentar hacer un inventario de las cosas que no me he perdonado en mi vida.
- Voy a elegir la que más dolor me provoque y me voy a perdonar el error de antaño.
- Ejercitaré una y otra vez este método de recordar para perdonarme hasta que desaparezcan mis tormentas interiores.
Ojalá que esta práctica la vivas cada día el resto de tu existencia.
Autor: © 2002 Mario Santana Bueno
