17 de Mayo
MARÍA, MADRE DOLOROSA
Nuestra Señora escuchaba las palabras de su Hijo, uniéndose a su dolor: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” ¿Qué podía hacer Ella? Fundirse con el amor redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso -como una espada afilada- que traspasaba su Corazón puro.
Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María:
Soportar en silencio cualquier dificultad, dolor o pena, uniéndonos al dolor de nuestra madre. Podemos decir la siguiente oración:
“Quiero estar a tu lado, Virgen dolorosísima, fortaleciendo mi espíritu con tus lágrimas, consumando mi sacrificio con tu martirio, sosteniendo mi corazón con tu soledad, amando a mi Dios y tu Dios con la inmolación de mi ser”. Amén.
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