Un amigo fiel es un refugio seguro; el que lo halla ha encontrado un tesoro. ¿Qué no daría uno por un amigo fiel? ¡No tiene precio! (Ecleciástico 6,14)
Al practicar la amistad he
aprendido algunos principios, como los que señalo a continuación:
MEMORIA: Aunque hoy nos separe la
distancia, debemos recordar siempre al amigo/a que en algún momento nos
consoló, nos hospedó, nos animó... nos amó.
PRUDENCIA: Debemos respetar el
horario de nuestros amigos. No invadamos su privacidad, creyendo que el ser
amigos nos da derecho absolutos sobre sus vidas.
SINCERIDAD: No hay verdadera
amistad sin una confianza plena. Todo tiene que estar sobre la mesa. Yo creo en
la amistad, a corazón abierto.
HUMILDAD: Necesitamos la humildad
para pedir perdón cada vez que nos equivoquemos. Necesitamos también amplitud
de corazón para saber perdonar.
GENEROSIDAD: en la verdadera
amistad no se busca recibir sino dar. Entre amigos entregamos nuestro tiempo,
nuestro afecto, y nuestras oraciones. Colmado de felicidad o de sufrimiento, el
corazón tiene necesidad de compartir.
Porque la alegría compartida es
doble alegría, y el dolor compartido es la mitad del dolor.
Cuidemos de nuestras amistades;
no las usemos.
Los amigos que se usan, se
gastan; pero los amigos bien cuidados duran muchísimos años.
Autor: Madeline.