martes, 4 de marzo de 2014

Decálogo sobre cuaresma.



1. PREPARACIÓN A LA PASCUA
La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua.

2. LAS DIMENSIONES Y ÁMBITOS DE LA CUARESMA
La Cuaresma es tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las “armas de la penitencia cristiana”: la oración, el ayuno y la limosna (cfr. Mt 6,1-6.16-18).

3. LA CENIZA, SU SÍMBOLO POR EXCELENCIA
El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la liturgia del Miércoles de Ceniza.
Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

4. TIEMPO PARA DEJAR LO SUPERFLUO E IR A LO FUNDAMENTAL
A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que sufren y con los necesitados.

5. TIEMPO PARA LA CONFESIÓN Y LA COMUNIÓN
También los fieles que frecuentan poco los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo pascual.

6. EL SENTIDO DEL AYUNO CUARESMAL
La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un “ejercicio” que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4; cfr. Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma).

7. CAMINO CUARESMAL, CAMINO HACIA LA CRUZ
El camino cuaresmal termina con el comienzo del Triduo pascual, es decir, con la celebración de la Misa in Cena Domini. En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia para la “Adoración de la santa Cruz”.
Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.

8. LO QUE ES Y DICE LA CRUZ DE CRISTO
Contemplando al Salvador crucificado captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor.
En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma.

9. ILUMINAR EL SENTIDO DE LA ADORACIÓN DE LA CRUZ DE CRISTO
No obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al acontecimiento de la Resurrección: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada con gemas y convertida en signo de bendición, tanto cuando se traza sobre uno mismo, como cuando se traza sobre otras personas y objetos.

10. LOS OTROS ASPECTOS DE LA PIEDAD POPULAR SOBRE EL MISTERIO DE CRISTO CRUCIFICADO

El texto evangélico, particularmente detallado en la narración de los diversos episodios de la Pasión, y la tendencia a especificar y a diferenciar, propia de la piedad popular, ha hecho que los fieles dirijan su atención, también, a aspectos particulares de la Pasión de Cristo y hayan hecho de ellos objeto de diferentes devociones: el “Ecce homo”, el Cristo vilipendiado, “con la corona de espinas y el manto de púrpura” (Jn 19,5), que Pilato muestra al pueblo; las llagas del Señor, sobre todo la herida del costado y la sangre vivificadora que brota de allí (cfr. Jn 19,34); los instrumentos de la Pasión, como la columna de la flagelación, la escalera del pretorio, la corona de espinas, los clavos, la lanza de la transfixión; la sábana santa o lienza de la deposición. Estas expresiones de piedad, promovidas en ocasiones por personas de santidad eminente, son legítimas. Sin embargo, para evitar una división excesiva en la contemplación del misterio de la Cruz, será conveniente subrayar la consideración de conjunto de todo el acontecimiento de la Pasión, conforme a la tradición bíblica y patrística.


Título original. Nuevo decálogo sobre Cuaresma y Piedad popular
La Cuaresma en el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia

martes, 28 de enero de 2014

Oración de súplica, en la enfermedad.


No permitas que yo permanezca en tal lejanía de ti, que no pueda considerar tu alma triste hasta la muerte y tu cuerpo habitado por la muerte, a consecuencia de mis propios pecados, sin regocijarme por sufrir en mi cuerpo y en mi alma.

Aparta pues, Señor, de mí la tristeza que el amor propio podría darme por mis propios sufrimientos y por las cosas del mundo que no se acomodan a los deseos de mi corazón, y que no se refieren a tu Gloria; pero dame una tristeza conforme a la tuya.

Que mis sufrimientos sirvan para apaciguar tu cólera. Haz de ellos una ocasión de salvación y de arrepentimiento para mí. Que, de aquí en adelante, desee la salud y la vida, a fin de emplearla y terminarla por ti, contigo y en ti. No te pido salud, ni enfermedad, ni vida, ni muerte; sino que dispongas de mi salud y de mi enfermedad, de mi vida y de mi muerte para tu Gloria, para mi salvación, y para la provecho de la Iglesia y de tus santos, entre los cuales espero figurar, por tu gracia divina.

Sólo tú sabes lo que me conviene. Eres mi soberano maestro: haz de mí lo que quieras. Dame, quítame; pero conforma mi voluntad con la tuya; y que en una sumisión humilde y perfecta, y que en una santa confianza, me disponga a recibir las órdenes de tu providencia eterna. Haz que yo adore igualmente todo cuanto viene de ti. 

Y, como nada es agradable a Dios si no le es ofrecido por tu mediación, une mi voluntad con la tuya y mis dolores a los dolores que tú has sufrido. Haz que los míos se tornen tuyos. Úneme a ti; lléname de tu Espíritu Santo. Entra en mi corazón y en mi alma, para tomar mis sufrimientos y para continuar padeciendo en mí, lo que todavía te queda por sufrir de tu Pasión, que completas en tus miembros hasta la consumación perfecta de tu Cuerpo; a fin de que, lleno de ti, no sea yo quien viva y quien sufra, sino que seas tu quien viva y sufra en mí, ¡oh mi Salvador!, y para que así, teniendo una pequeña parte de tus sufrimientos, tú me llenes enteramente de la gloria que ellos te han adquirido y con la cual vives con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Así sea.
(Fragmento)
Autor: Blas Pascal.

lunes, 27 de enero de 2014

DECÁLOGO DE LA SERENIDAD



1.- Solo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2.- Solo hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto, seré cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie sino a mí mismo.

3.- Solo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no solo en el otro mundo sino también en este.

4.- Solo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que todas circunstancias se adapten a mí.

5.- Solo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6.- Solo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7.- Solo por hoy haré por lo menos una sola cosa que no deseo hacer, y si me sintiere ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

8.- Solo por hoy haré un programa detallado. Quizás no lo cumpliré, pero lo redactaré y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9.- Solo por hoy creeré, -aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la Providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.

10.- Solo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo a gozar de lo que es bello y creer en la bondad.

PUEDO HACER BIEN DURANTE DOCE HORAS, LO QUE ME DESCORAZONARÍA SI PENSARA TENER QUE HACERLO DURANTE TODA MI VIDA". 


(Beato Juan XXIII).


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