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jueves, 17 de septiembre de 2015

Felicidad.



7 Condiciones para adquirir la FELICIDAD COMPLETA.

         1. Una vida que ponga fin a la muerte.

         2. Una juventud no seguida de vejez.

         3. Una luz que no dejé de brillar.

         4. Una alegría jamás turbada por la tristeza.

         5. Una paz no expuesta a turbaciones, guerras, etc.

         6. Una voluntad que no experimenta obstáculos invencibles.

         7. Un Reino que no pueda perderse.

         San Beda el Venerable.

               Fuente: "El Cielo" Rodríguez Sinecio Pbro. Pág 13.

La felicidad total existe. No es una utopía ni falsa ilusión, fantasía o sueño.
La felicidad no es algo ES ALGUIEN. ÉL SALE PRIMERO A ENCONTRARTE, ACÉPTALO.


miércoles, 19 de agosto de 2015

¡Dispara al Corazón!



Cuando le hablas a ese hombre que no conoce a Dios, que no sabe de Su Amor, mientras cavilas y temes no ser digno de semejante tarea, no dudes, tensa tu arco y con mano firme ¡dispara al corazón!

Cuando la vida te enfrenta a momentos de gran confusión, donde los caminos se abren frente a ti y se multiplican como en un salón de espejos, no temas, abre tu mirada a la distancia, mira a tu interior, y con sereno pulso ¡dispara al Corazón!

Cuando los que más quieres te fallan, te hunden en tu silla como si fueras un ser imposibilitado de ver más allá de las puertas que se cierran frente a ti, no te pierdas en la desesperación y el abandono de ti mismo, levanta la mirada y ¡dispara al Corazón!

Cuando el amor no llega a tu vida, cuando la luz del cariño se escurre por pasillos donde no la puedes buscar, torna tu mirada a las sombras y con gran decisión, ¡dispara al Corazón!

Cuando quieras hablar con Jesús sobre tus más profundas necesidades, sobre aquello que vibra en tu pecho y clama por un instante de sosiego, haz un alto en tu vida, alza la voz y con grito firme ¡dispara al Corazón!

Cuando no sabes qué es lo que Dios espera de ti, y El se esconde y hace de tu vida un barco sin rumbo, pon tu mirada en Su Mirada y elevando tus brazos al cielo, ¡dispara al Corazón!

Porque cuando nuestro rostro se ilumina con una mirada de niño, nuestros labios derraman palabras de amor que alcanzan el Corazón de Jesús y lo hacen quebrarse de ternura, lo derrumban a pesar de Su Divinidad y Realeza.

Y es porque en el Corazón de Dios están todas las soluciones, las promesas, los consuelos y la esperanza. Allí se esconde un tesoro tan extraordinario que ni siquiera en nuestros sueños más profundos lo podríamos imaginar.

Nuestros gestos de amor son disparos al Corazón de Jesús, porque lo hacen detenerse y mirarnos como un Dios derrotado. Dulce derrota, donde Él se refugia para admirar las maravillas de las que un corazón amante es capaz. Su derrota es el triunfo de la Criatura que El mismo imaginó, que vencedora en su propia naturaleza, se hace semejante a su Creador. Nuestro Dios, vencido por amor, se hace Niño y nos entrega aquello que guarda como un Preciado Tesoro, Su Corazón.

Si, dispara al Corazón de Jesús, y dispara al corazón de tus hermanos, hazlos caer vencidos por el amor que todo lo vence. Que tus palabras certeras se dirijan a aquel punto que nadie puede resistir, centro y motor de nuestra semejanza con Quien nos creó, el corazón del hombre.


Autor: Oscar Schmidt

lunes, 4 de noviembre de 2013

¿Cuánto pesas?



Todos  sabemos nuestro peso corporal, pero… ¿sabemos cuál es nuestro peso espiritual? San Agustín dice: “pesamos lo que amamos” – y  aquí, contrario a la salud corporal, lo mejor es pesar cada día más porque nunca podremos decir que tenemos sobrepeso al amar, siempre nos hará falta subir y subir más.
¿Tú sabes cuál es tu peso espiritual?


Autor: Padre Guillermo Serra, L.C.


lunes, 29 de abril de 2013

Perfecto.




Si la caridad fuera practicada con generosidad en todas partes, ya no habría necesidad de leyes, de tribunales, de castigos, de penas u otras medidas semejantes. 
Si reinara un amor recíproco entre todos, ninguno haría mal al otro, ya no existirían homicidios, guerras, pleitos; los robos y la avaricia desaparecerían; ya no existiría algún mal. 
Lo que es admirable en la caridad es que nunca trae consecuencias funestas. 
La pobreza muchas veces puede estar unida al orgullo; la elocuencia no siempre resiste a la fascinación de la vanidad; la humildad suscita algunas veces en el corazón de quien la practica una complacencia no siempre ajena a la vanagloria. 
No así con la caridad. ¿Se puede alimentar un sentimiento de superioridad en relación a quien se ama? Denme a alguien que de verdad ame a los hombres con un amor universal; o más bien, tomemos si queréis, dos hombres que se amen recíprocamente como se debe amar, y les podré decir cuál es la fuerza de la caridad. El hombre que ama santamente tendrá el cielo sobre la tierra, en todas partes gozará de una paz segura y se preparará a una gloriosa recompensa. En verdad, sólo es grande quien posee la caridad. (San Juan Crisóstomo)

lunes, 18 de junio de 2012

COMODÍDAD



Un día, un hombre sabio y piadoso clamo al cielo por una respuesta. 
El hombre aquel encabezaba un grupo de misioneros que oraban por la paz del mundo, para lograr que las fronteras no existieran y que toda la gente viviera feliz. 
La pregunta que hacían era: ¿Cual es la clave, Señor, para que el mundo viva en armonía?
Entonces, los cielos se abrieron y después de un magnifico estruendo, la voz de Dios les dijo: Comodidad.
Todos los misioneros se veían entre sí, sorprendidos y extrañados de escuchar tal termino de la propia voz de Dios. El hombre sabio y piadoso pregunto de nuevo: ¿Comodidad Señor? ¿Qué quieres decir con eso?
Dios respondió: La clave para un mundo pleno es: Como- di- dad. Es decir, asi como yo les di, dad vosotros a vuestros prójimos.


Como di, dad vosotros fe; 
Como di, dad vosotros esperanza;
Como di, dad vosotros caridad; 


Como di, sin límites, sin pensar en nada más que dar, dad vosotros al mundo... y el mundo, será un paraíso.

domingo, 12 de febrero de 2012

Hechos.


Este es un vídeo que me llamó la atención, por su temática.
Yo lo hubiese titulado "El amor se demuestra con obras", pero su título es "Cuando la amistad se convirtió en amor"



domingo, 5 de febrero de 2012

Una bella historia de amor.



En 1960, el rey Balduino I de Bélgica estaba soltero y sin compromiso. Los esfuerzos de su madrastra por buscarle novia no dieron resultado. Monseñor Suenens, entonces obispo auxiliar de Bruselas, le aconsejó que pidiera la ayuda de la Virgen en el santuario de Lourdes. Le sorprendió la respuesta del monarca: acababa de pasar toda la noche en oración ante la gruta de las apariciones, confiándole a la Virgen la solución del problema de su matrimonio. El rey quería una esposa que compartiera su fe. Suenens le sugirió entonces que se pusiera en contacto con una mujer irlandesa a la que había conocido en Lourdes. Se llamaba Verónica O´Brien y era promotora de la Legión de María. Balduino, en una entrevista que duró cinco horas, le confió a Verónica su preocupación por acertar en la elección de su esposa. Ella le invitó a buscar la solución en la católica España.

Verónica partió en secreto para Madrid. Un amigo aconsejó a Verónica entrevistarse con la directora de una prestigiosa escuela femenina de la ciudad, que le acompañó a visitar a una de sus antiguas alumnas; su nombre era Fabiola de Mora y Aragón.
Tras conocer la gestión realizada, el rey pidió a Verónica que invitara a Fabiola a pasar unos días en Bruselas. Por fin, accedió a realizar el viaje, y se encontró en secreto con Balduino en la casa de Verónica. Antes de iniciarse el noviazgo, Fabiola acudió a Lourdes para confiar a la Virgen su decisión última. Unas semanas después, regresaría al santuario acompañada de Balduino. El 6 de junio de 1960, se vieron en Lourdes a las siete de la tarde. El rey relataría más tarde: «Después de una rápida presentación, nos adentramos los dos por un camino solitario. Durante cerca de tres horas intercambiamos nuestras impresiones sobre la situación. En pocos minutos, la amistad creció con la ayuda de Nuestra Señora para que, antes de separarnos el día 10, pudiéramos decirnos un Sí el uno al otro».

Los días 7 y 8 volvieron a verse en la cripta, oyeron misa juntos y continuaron la conversación iniciada el primer día. Balduino confesará: «Lo que más me atrae de ella es su humildad, su confianza en la Santísima Virgen y su transparencia. Sé que será para mí un gran estímulo para amar a Dios cada día más». Finalmente, el 15 de septiembre contraen matrimonio en Bruselas.
Entre 1961 y 1963, la reina sufre tres abortos. Ante 700 niños a los que recibe en el castillo de Laeken, Balduino afirma: «Nos hemos preguntado por el sentido de este sufrimiento; poco a poco hemos ido comprendiendo que nuestro corazón estaba así más libre para amar a todos los niños, absolutamente a todos».

En libro biográfico que escribió el cardenal Suenens, le pregunta a Balduino por el secreto de su matrimonio: «No hay que buscarlo lejos; reside en la profundidad de la vida espiritual. Dicho de otro modo, en la unión con Dios, vivida en cristiano, día a día, y traducida en gestos cotidianos de servicio a los demás».

Balduino renunció a sus funciones como Jefe de Estado, durante 44 horas, entre el 3 y el 5 de abril de 1990, al oponerse a la ley de despenalización del aborto, y evitar tener que sancionarla. Obró así porque esa ley atentaba contra el derecho a la vida y chocaba con sus creencias católicas. Corrió el riesgo de que el Parlamento no aprobase su regreso al poder.

Balduino amaba a Fabiola no por amor de Dios, sino con el amor de Dios: «Casi todos los días veo en mi vida signos palpables del amor de Dios. Fabiola ha sido y sigue siendo uno de los más destacados. Algunas veces me he preguntado si todo esto no era demasiado maravilloso para ser verdad».

El 14 de diciembre de 1990, tras 30 años de matrimonio, la reina expresó sus sentimientos en un mensaje radiotelevisado: «Os diré simplemente que fueron años de felicidad, debidos por una parte a la amabilidad de mi marido, a sus atenciones, a un constante olvido de sí mismo que no faltó jamás. Ese olvido de sí a favor del otro es, de verdad, la clave de un matrimonio feliz. Pues amor y alegría es todo uno, lo cual no excluye el sufrimiento. El compartir las mismas pruebas consolida el amor».

Esta historia pertenece al libro: "21 matrimonios que hicieron historia" del autor Gerardo castillo.


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